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Cultura

Coco Chanel, la mujer que liberó a las mujeres

Del orfanato a la rue Cambon: cómo una huérfana de provincia cambió para siempre la forma en que se viste el mundo.

Por La redacción · 4 de octubre de 2026 · 3 minutos de lectura
Mujer con vestido negro bordado, collares de perlas largos y tocado de los años veinte

Antes de Chanel, vestirse era un trabajo. Los corsés apretaban la cintura hasta dificultar la respiración, las faldas arrastraban varios kilos de tela y los sombreros parecían arreglos florales. Después de ella, una mujer podía caminar, trabajar y moverse con libertad. Esa revolución, que hoy damos por sentada, tiene nombre y apellido.

Una infancia sin lujos

Gabrielle Bonheur Chanel nació el 19 de agosto de 1883 en Saumur, en el oeste de Francia. Su madre murió cuando ella tenía once años, y su padre la dejó junto a sus hermanas en el orfanato de la abadía de Aubazine. Allí, entre monjas vestidas de blanco y negro, aprendió a coser. Muchos historiadores ven en esos años el origen de su paleta: la sobriedad del blanco y el negro que la acompañaría toda la vida.

Ya joven, cantó en cafés de la ciudad de Moulins. De esa época viene el apodo que la haría eterna: Coco, tomado de las canciones que interpretaba.

Del sombrero a la libertad

En 1910 abrió una tienda de sombreros en París, en la rue Cambon, la calle que años después se convertiría en sinónimo de su casa de moda. Sus sombreros eran simples, casi austeros, y por eso mismo se destacaban entre los excesos de la época.

En 1913 abrió una boutique en el balneario de Deauville y en 1915 otra en Biarritz. Allí empezó a hacer algo que escandalizó a muchos: usar el jersey, una tela de punto que hasta entonces se reservaba para la ropa interior masculina. Con ella creó prendas cómodas y elegantes que permitían moverse. Fue el comienzo del fin del corsé.

Mujer con vestido negro de corte clásico con ribete blanco

El perfume y el vestido negro

En 1921 lanzó Chanel N.º 5, creado junto al perfumista Ernest Beaux. Fue uno de los primeros perfumes en combinar notas florales con aldehídos sintéticos, y su frasco de líneas rectas rompía con los envases recargados de la época. Más de un siglo después sigue siendo uno de los perfumes más famosos del mundo.

En 1926, la edición estadounidense de Vogue publicó el dibujo de un vestido negro, corto y sencillo, y lo comparó con el Ford T: un diseño que cualquiera podría usar. Había nacido el pequeño vestido negro, una prenda que hasta entonces se asociaba al luto y que Chanel convirtió en el símbolo de la elegancia moderna. Décadas después, el cine lo llevaría a la eternidad, como contamos en los vestidos más icónicos del cine.

La caída y el regreso

En 1939, al comenzar la Segunda Guerra Mundial, cerró su casa de costura. Los años de la guerra son el capítulo más oscuro de su biografía: vivió en el Hotel Ritz de París durante la ocupación y mantuvo una relación con un oficial alemán, algo que dañó su imagen durante décadas y que los historiadores siguen estudiando.

En 1954, con más de setenta años, volvió. La crítica francesa la recibió con frialdad, pero el público, sobre todo el estadounidense, la adoró. De esa segunda etapa nacieron dos íconos: el traje de tweed con chaqueta sin cuello y el bolso acolchado 2.55, llamado así por su fecha de presentación, febrero de 1955. Tenía una cadena para colgarlo del hombro y dejar las manos libres, otra vez la misma idea: libertad.

Lo que nos dejó

Gabrielle Chanel murió el 10 de enero de 1971 en su habitación del Ritz. En 1983, Karl Lagerfeld tomó la dirección creativa de la casa y la llevó a una nueva era que duró hasta 2019.

Más allá de las polémicas, su legado es indiscutible: la ropa cómoda puede ser elegante, la simplicidad es una forma de lujo y una mujer tiene derecho a vestirse para ella misma. Como solía decir, la moda pasa y el estilo permanece.

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