Los vestidos más icónicos del cine
De Gilda a Pretty Woman: los vestidos que se volvieron más famosos que las películas y que siguen inspirando a diseñadores.

Algunas escenas se recuerdan por un diálogo, otras por una canción. Y algunas se recuerdan por un vestido. El cine y la moda siempre se influyeron mutuamente, y estos son los vestidos que cruzaron la pantalla para convertirse en parte de la historia.
Gilda (1946): el vestido negro de satén
Rita Hayworth se quita lentamente un guante largo mientras canta Put the Blame on Mame. Lleva un vestido negro strapless de satén, diseñado por Jean Louis, con un gran moño en la cintura. Es una de las escenas más sensuales de la época dorada de Hollywood, y ese vestido sigue siendo sinónimo de glamour.

Rita Hayworth en Gilda (1946). Foto publicitaria de Columbia Pictures, de dominio público.
La comezón del séptimo año (1955): el vestido blanco
Marilyn Monroe, de pie sobre una rejilla del metro de Nueva York, mientras el aire levanta la falda de su vestido blanco. El diseño de William Travilla, con escote halter y falda plisada, se volvió una de las imágenes más reproducidas del siglo XX.

Marilyn Monroe durante el rodaje de La comezón del séptimo año (1954). Foto de Associated Press, de dominio público.
Desayuno en Tiffany’s (1961): el vestido negro de Givenchy
Audrey Hepburn, a primera hora de la mañana, mirando la vitrina de Tiffany’s con un café y un croissant. Lleva un largo vestido negro de Hubert de Givenchy, collares de perlas y gafas de sol. Es probablemente el vestido negro más famoso de la historia, heredero directo del que Coco Chanel había popularizado décadas antes. Te contamos esa historia en Coco Chanel, la mujer que liberó a las mujeres.

Audrey Hepburn en una foto publicitaria de Desayuno en Tiffany’s (1961), © Paramount Pictures.
La ventana indiscreta (1954): la elegancia de Grace Kelly
En el clásico de Hitchcock, Grace Kelly aparece con un vestido de torso negro ajustado y una falda amplia de tul blanco con bordados, diseñado por Edith Head, la vestuarista más premiada de la historia de los Oscar. Es la definición de la elegancia de los años cincuenta.

Grace Kelly en una foto promocional de La ventana indiscreta (1954), de dominio público.
Pretty Woman (1990): el vestido rojo
Julia Roberts camino a la ópera, con un vestido largo rojo de hombros descubiertos, guantes blancos y un collar de rubíes. El vestido, creado por la vestuarista Marilyn Vance, marca la transformación del personaje y se volvió un ícono instantáneo de los años noventa.

Julia Roberts en Pretty Woman (1990). Fotograma de la película, © Touchstone Pictures.
Expiación (2007): el vestido verde
Keira Knightley en una biblioteca, con un vestido de seda verde esmeralda, espalda descubierta y una caída perfecta. La vestuarista Jacqueline Durran lo diseñó para la película, y hoy aparece en casi todas las listas de los mejores vestidos del cine.

Keira Knightley en Expiación (2007). Fotograma de la película, © Focus Features.
Por qué estos vestidos son eternos
Todos comparten algo: cuentan la historia del personaje. El vestido de Gilda habla de seducción; el de Audrey, de elegancia y soledad; el de Julia Roberts, de transformación. Por eso no los recordamos solo como ropa linda, sino como momentos.
Es una lección que también sirve frente a una cámara: la ropa transmite. Por eso las modelos aprenden a interpretar cada prenda, y no solo a usarla. Si quieres empezar a practicar, estas 10 poses de modelo que funcionan siempre son un buen comienzo.


